RESEÑA - LA LEYENDA DEL ESCLAVO.

CONTEXTO EDITORIAL Y LITERARIO

Ultramar Editores y la fantasía heroica española durante los años 80.

Para llegar a comprender con plenitud esta obra, es imprescindible situarla en su contexto editorial. La Leyenda del Esclavo fue publicada en 1989 por Ultramar Editores, una editorial barcelonesa que, junto con otras como Martínez Roca (con su colección Gran Fantasía) y Ediciones B, fue responsable de la eclosión y florecimiento de la literatura fantástica en España durante la Transición y la década de los años 80.

Este momento histórico es crucial: España acababa de salir de casi cuatro décadas de censura franquista, durante las cuales la fantasía heroica —con su violencia explícita, su erotismo desinhibido y su frecuente ambigüedad moral— había sido sistemáticamente marginada o prohibida. La publicación de esta obra en 1989 viene a representar, por tanto, un acto de liberación literaria: los autores escriben sin las restricciones que habrían mutilado un texto como este en décadas anteriores. Las escenas de sexo explícito, la violencia gráfica (la tortura y muerte de Garla, el despedazamiento de Zador), y la permisividad moral general no son meros recursos sensacionalistas: son la manifestación de una literatura que por fin puede explorar territorios que el género ya llevaba décadas desarrollando en el mundo anglosajón.

la leyenda del esclavo
La Leyenda del Esclavo.

Nomanor como seudónimo y tradición pulp

El uso del seudónimo "Nomanor" (en homenaje y recuerdo al primer héroe español de fantasía heroica, de tan fuertes músculos como corta vida a causa de la censura franquista) conecta con una larga tradición del género pulp, donde autores como Robert E. Howard, Fritz Leiber o Lin Carter publicaban bajo nombres que evocaban mundos imaginarios. En el contexto español, este gesto también servía para crear un distanciamiento entre la identidad "real" del autor y un contenido que, en 1989, aún podía resultar transgresor para ciertos sectores de la sociedad española.

La obra se clasifica claramente en la tradición de la Espada y Brujería (Sword and Sorcery), pero con matices importantes que la diferencian de los modelos clásicos anglosajones, como veremos a continuación.

ESTRUCTURA NARRATIVA: EL VIAJE DEL HÉROE SUBVERTIDO

El mito de Joseph Campbell y sus rupturas

Si aplicamos el esquema del "Viaje del héroe" de Joseph Campbell, La Leyenda del Esclavo sigue la estructura principal pero la subvierte en casi todos sus puntos clave:

Etapa Campbelliana

En la obra

Subversión

Mundo ordinario

Kuhal como jefe cazador, el ritual del atnoor

El mundo ordinario es destruido inmediatamente; no hay nostalgia posible

Llamada a la aventura

La masacre de la tribu

No es una llamada: es una imposición traumática. Kuhal no elige partir

Rechazo de la llamada

Ausente

Kuhal no puede rechazar nada; su voluntad es anulada por la esclavitud

Encuentro con el mentor

Tahara y el bardo (ambos parcialmente)

No hay un mentor sabio tipo Gandalf; los “mentores” son compañeros igualmente dañados

Cruce del umbral

La huida del carro de esclavos

Se cruza hacia abajo (esclavitud, cuevas, río) no hacia arriba

 

Pruebas y aliados

Los Zahnadán, el Bardo, el viaje

Las pruebas no forjan al héroe: lo desgastan

Ordalía central

El plan de Saraad

La victoria no es del héroe: es colectiva, y Kuhal renuncia a su momento de gloria

Recompensa

La muerte de Zador

La recompensa es vacía; no hay tesoro, no hay reino ni restauración

Regreso

No hay regreso

Kuhal no vuelve a su tribu; elije el exilio permanente

Esta subversión sistemática es lo que diferencia la obra de otras del mismo género. El autor conoce las reglas del género y decide conscientemente romperlas para ofrecer algo más complejo emocionalmente.

Estructura en tres actos con epílogo abierto

La novela tiene una estructura clara y bien diferenciada:

Acto I (Destrucción y cautiverio) Presenta un tono de desesperación y furia contenida: La masacre de la tribu, la captura, el encuentro con Tahara, la huida.

Acto II (El viaje y la alianza) En esta parte el tono se aligera con momentos de erotismo, humor (el Bardo) y de camaradería: El viaje hacia el norte, el encuentro con los Zahnadán, la incorporación del Bardo al grupo, la planificación de la venganza.

Acto III (La ejecución y la venganza) Aquí el tono cambia a una tensión creciente que estalla en violencia catártica: La infiltración en Saraad, el plan de las vírgenes, la rebelión, el asesinato de Zador.

Epílogo (El vacío y la leyenda) La obra adquiere un tono melancólico y abierto: la separación de Tahara, la decisión de Kuhal de no volver, la promesa del Bardo.

Este epílogo es particularmente significativo. La obra no termina con un cierre, sino con una apertura. Kuhal mira las lunas y piensa que "tenía todo un Planeta ante él, aguardándole". No es un final feliz ni trágico: es un final existencial. El héroe ha sobrevivido, pero ha perdido todo lo que le daba su identidad. Lo que queda es la posibilidad  y la promesa de que su historia será contada.

PRINCIPALES PERSONAJES

Tahara: La deconstrucción de la compañera del héroe

Tahara
Tahara.

Tahara es, sin duda, el personaje más complejo de la obra y una de las creaciones más interesantes de la fantasía heroica española. Para entender su importancia, hay que contrastarla con los arquetipos femeninos habituales del género:

La damisela en apuros (que necesita ser rescatada) En este caso, Tahara se rescata a sí misma. Es ella quien finge estar drogada, quien conserva la lucidez, quien conoce la técnica de abrir cerraduras con un clavo ("mete el clavo por el agujero del candado, con la punta doblada hacia arriba, y ve tanteando lentamente..."). Kuhal, el supuesto héroe, es quien está encadenado y dependiente.

La guerrera amazona (que imita los roles masculinos) Tahara no lucha con espada ni utilizando la fuerza bruta. Su poder reside en su inteligencia, la planificación, la manipulación psicológica y las habilidades técnicas heredadas de los Nadoor.

La recompensa sexual (el premio del héroe) Aunque hay una intensa relación sexual entre ambos, Tahara nunca es reducida a objeto. Es ella quien toma la iniciativa ("Tahara se volvió y se montó encima de él"), quien establece los términos de la relación, y quien al final decide separarse de Kuhal porque reconoce que lo que los unió fue la misión, no el amor romántico.

Su frase "Las mujeres somos más flexibles que los hombres. Tú quizá tengas más problemas. Es cuestión de intentarlo", dicha mientras escapan por las cuevas, funciona tanto en el nivel literal (la flexibilidad física para girar en un espacio estrecho) como en el metafórico: Tahara es psicológicamente más adaptable a las circunstancias que la rodean que Kuhal, quien está rígido por su dolor y su furia.

Kuhal: Del arquetipo a la persona

Kuhal
Kuhal.

Kuhal comienza como un arquetipo puro: el bárbaro noble, el cazador perfecto, el líder tribal fuerte. El ritual del atnoor lo establece como alguien que combina fuerza con compasión (capturar sin dañar). Pero la masacre de su tribu y la muerte de Garla lo quiebran de una manera que el género rara vez explora con honestidad.

Lo fascinante es que Kuhal no se recompone. A lo largo de la novela, su furia no se transforma en determinación heroica; más bien, se va erosionando hasta convertirse en una especie de cansancio existencial. Cuando llega el momento de matar a Zador, descubre que no quiere hacerlo con sus propias manos. No por piedad, sino porque ha comprendido que su venganza personal es irrelevante comparada con la de las cientos de mujeres que Zador ha violado y torturado. Su renuncia al acto de venganza individual no es un momento de debilidad, sino de madurez trágica: reconoce que él es solo una víctima de un sistema mucho mayor.

Su decisión final de no regresar con su tribu es igualmente significativa. Un héroe convencional habría vuelto como líder victorioso. Kuhal sabe que ya no es ese hombre. La marca del esclavo en su frente es permanente, tanto física como psicológicamente. Su elección del exilio con el Bardo es la elección de alguien que ha perdido su identidad antigua y aún no ha podido construirse una nueva.

El Bardo: El personaje más moderno

Bardo
El Bardo.

El Bardo merece un análisis aparte por ser, posiblemente, la creación más original y contemporánea de la novela. En un género dominado por guerreros estoicos y magos enigmáticos, el Bardo presenta unas características diferentes:

Cobarde confeso: No lucha, huye del peligro, y no se avergüenza de ello.

Pansexual y hedonista: Su sexualidad es fluida y abierta, tratada sin juicio moral por la narración. La "sentencia" que Kuhal le impone (ser "domado" por las harás) es presentada como un castigo que, en el fondo, él disfruta.

Esteta y narcisista: Se preocupa por la afinación de su instrumento, por la calidad de su narrativa y su propia imagen.

Extraordinariamente inteligente: Es él quien diseña el plan maestro para infiltrarse en Saraad, quien calcula los ángulos de tiro de las cerbatanas, quien selecciona a los esclavos clave para la rebelión. Su inteligencia es de tipo estratégico y logístico, no mágico.

Pragmático: Es consciente de que está dentro de una historia y de que su función principal es sobrevivir a la misma y contarla.

Su frase "Voy a tener que afinarlo más a menudo. Confío en emplearlo mucho a partir de ahora" (refiriéndose a su instrumento), dicha al final de la novela, es una declaración de intenciones: la aventura no ha terminado, y él será su cronista. El Bardo es, en esencia, el autor dentro del texto, y su presencia transforma la novela en una reflexión sobre cómo se construyen las leyendas a partir del dolor real.

Zador: El mal como sistema

Zador
Zador.

Zador no es un villano de fantasía convencional. No tiene poderes mágicos, no sirve a un dios oscuro, no busca dominar el mundo. Es un empresario de la esclavitud, un hombre que ha convertido el sufrimiento humano en un modelo de negocio eficiente. Zador está en todo momento calculando el valor comercial de sus víctimas y en función de esto, decide sobre la vida o la muerte de sus prisioneros, e incluso de sus propios hombres.

Su muerte a manos de las propias esclavas de las que ha abusado es poéticamente justa, pero también deliberadamente caótica y desordenada. No hay un duelo épico, no hay un enfrentamiento cara a cara con el héroe. Simplemente despedazado por una masa de víctimas furiosas. El autor nos dice así que el mal sistémico no se derrota con heroísmo individual, sino con la rebelión colectiva de los oprimidos.

LA SEXUALIDAD COMO LENGUAJE NARRATIVO

El erotismo como estructura y no como adorno

Uno de los aspectos más distintivos de La Leyenda del Esclavo es que la sexualidad no es un elemento decorativo o gratuito (aunque hay abundante contenido erótico explícito), sino un eje estructural de la narrativa. El sexo funciona en múltiples niveles:

Como trauma: La violación y muerte de Garla es el incidente incitador. Zador usa la violencia sexual como herramienta de dominación y humillación. La "sala de pruebas" de Saraad institucionaliza la tortura sexual como entretenimiento comercial. El Culto de Haruma usa el dolor sexual como castigo religioso. En todos estos casos, el sexo es poder ejercido sobre el otro.

Como catarsis y sanación: La primera escena sexual entre Kuhal y Tahara, tras la huida, es descrita como un acto de necesidad desesperada, una forma de reafirmar la vida frente a la muerte: "La insistencia de la muchacha, una y otra y otra vez. Sus dedos ansiosos clavándose en su espalda, arañando, apretando, exigiendo."

No es romántica ni tierna: es frenética, casi violenta en su intensidad, porque ambos personajes están procesando un trauma enorme a través del cuerpo. El sexo aquí es supervivencia.

Como expresión de libertad: Los encuentros sexuales posteriores entre Kuhal y Tahara, son más reposados ("Hicieron nuevamente el amor, más reposadamente ahora, tomándose su tiempo"), muestran una clara evolución de su relación. Ahora hay exploración mutua, delicadeza, reciprocidad. El sexo se ha transformado de catarsis traumática en conexión humana genuina.

Como arma: El plan final en Saraad convierte la sexualidad en herramienta táctica. Tahara finge ser una istaa (inspectora de virginidad) para acceder a las esclavas y armarlas. Kuhal finge ser un comprador de vírgenes. La "mercancía" sexual se convierte en el caballo de Troya que destrirá el sistema desde dentro del mismo.

Como cultura: Los Zahnadán representan una visión del sexo como celebración, libertad y creación de comunidad. Su oferta a Tahara ("permíteme que le ofrezcamos una de nuestras mujeres, y tú puedes escoger al hombre que desees para ti; yo mismo puedo servirte, si quieres") no tiene un carácter lascivo, sino hospitalario. Para ellos, el sexo es parte natural de la vida social, sin la carga de culpa o dominación que tiene en otras culturas del mundo.

La mirada masculina y su problemática

Es honesto reconocer que la novela, como producto de su tiempo y género, opera frecuentemente dentro de lo que la teoría feminista llama la "mirada masculina". Las descripciones del cuerpo femenino son abundantes y detalladas, y hay escenas (como la "evaluación" de Zador) que, aunque narrativamente justificadas como muestra de la vileza del personaje, pueden resultar incómodas para el lector contemporáneo.

Sin embargo, el texto también muestra una conciencia de esta dinámica que lo distingue de obras más ingenuas del género. Tahara es consistentemente presentada como sujeto, no como objeto. Ella controla su sexualidad, toma la iniciativa, y al final decide separarse de Kuhal. La novela no resuelve la tensión entre la tradición erótica del pulp y una representación más igualitaria, pero al menos la hace visible.

LA VIOLENCIA: ESPECTÁCULO Y CONSECUENCIA

Dos tipos de violencia

La novela distingue claramente entre dos tipos de violencia:

La violencia "limpia" del sistema: Se nos muestra por ejemplo cuando se produce la masacre de la tribu de Kuhal es descrita con una frialdad casi clínica a través de los ojos del viejo Aatar: "Una operación limpia, rápida y efectiva. Están acostumbrados a él."

Los esclavistas ejecutan con ballesta a los "inútiles" (ancianos y niños), recuperan los dardos, y rematan a los recalcitrantes. Es violencia industrial, eficiente, despersonalizada. Esta es la violencia que el texto condena más profundamente, precisamente porque no se presenta como "malvada" en el sentido melodramático, sino como rutinaria.

La violencia "sucia" de la rebelión: La muerte de Zador es todo lo contrario: caótica, visceral, desordenada. Las esclavas lo despedazan en un frenesí de furia acumulada. No hay coreografía, no hay honor, no hay belleza en esta violencia. Es fea, terrible y completamente comprensible. El autor no la glorifica ni la condena: la presenta como la consecuencia inevitable de la primera violencia.

Kuhal y la renuncia a la violencia heroica

El momento más significativo en relación con la violencia es cuando Kuhal, que ha recorrido medio continente para matar a Zador con sus propias manos, llega al momento decisivo y renuncia. No mata a Zador en un duelo épico. Deja que las esclavas hagan su justicia, y solo interviene al final para rematar el cuerpo destrozado, por piedad, no por venganza.

Esta renuncia es radical dentro del género. Conan habría matado a Zador con su espada y habría reclamado un trono. Elric habría matado a Zador y se habría consumido en la culpa. Kuhal simplemente se aparta, porque comprende que su venganza individual es un lujo narcisista cuando hay cientos de víctimas con más derecho que él a la ira.

EL BARDO COMO FIGURA AUTONARRATIVA

La construcción de la leyenda

El Bardo no es solo un personaje, es una tesis sobre la naturaleza de la narrativa.

El personaje es consciente de que está transformando el dolor de Kuhal y Tahara en entretenimiento. Su promesa final de cantar sus gestas es, simultáneamente, un acto de amor (preservar su memoria), un acto de egoísmo (conseguir material para su arte) y un acto de explotación (convertir el trauma ajeno en una canción). La novela no juzga esta ambigüedad en su lugar nos la presenta como inherente al acto de narrar.

El Bardo como contrapunto a otros personajes

Desde un punto de vista puramente narrativo la figura del Bardo sirve para introducir humor, ligereza, ironía y una perspectiva cínica pero cálida que impide que la historia se hunda en un relato implacablemente oscuro de trauma y venganza. Su cobardía confesa, su vanidad, su sexualidad desinhibida y su amor por la buena vida crean un contraste constante con la gravedad de Kuhal y la intensidad de Tahara.

Cuando alguien rasguea "las cuerdas de un instrumento de ventruda caja y largo mástil que arrancó primero unos tonos lastimeros, luego adquirió un ritmo alegre y una contagiosa vibración", es el espíritu del Bardo el que transforma el lamento en celebración. Esa transformación es lo que el Bardo promete hacer con toda la historia: convertir el dolor en algo que se pueda cantar.

SIMBOLISMO Y COSMOLOGÍA

Las tres lunas

El sistema de tres lunas (Roja, Amarilla, Blanca) es el eje cosmológico del mundo y funciona como un sistema de presagios:

Las tres lunas juntas: Presagio de sangre y catástrofe. Kuhal las ve la noche de la masacre de su tribu.

La luna roja y amarilla superpuestas: Presagio de cambio, de un destino diferente. Kuhal las ve al final de la novela, cuando mira al cielo con el Bardo: "Las lunas roja y amarilla se superponían sobre un fondo de brillantes estrellas. Pensó en aquella otra noche, cuando había visto las tres lunas juntas en el cielo y se había estremecido... Ahora era diferente. El presagio era otro muy distinto."

Este simbolismo es elegante porque no es determinista: las lunas no causan los eventos, sino que los reflejan. Son un espejo del estado emocional de Kuhal y del tono de la narración.

Los Antiguos

Las ruinas de los "Antiguos" que Kuhal y Tahara atraviesan añaden una dimensión de profundidad temporal al mundo. La mención de "leyendas de los grandes gusanos" que habrían excavado las chimeneas en la roca sugiere una historia geológica y biológica anterior a la humanidad. El hecho de que los Nadoor (el pueblo de Tahara) sean descendientes de los Antiguos y conserven conocimientos técnicos (como las cerbatanas de asesinos) crea una interesante dinámica: la civilización más avanzada del mundo es también la más pacifista y la más vulnerable a la depredación de culturas más agresivas.

La marca del esclavo

El hierro candente que marca la frente de Kuhal es el símbolo central de la novela. Es una herida permanente que lo identifica como propiedad. Su presencia física constante (Kuhal no puede dejar de ser consciente de ella) representa la forma en que el trauma se inscribe en el cuerpo y no se borra. Al final de la novela, Kuhal sigue llevando la marca. No hay curación mágica, no hay redención que la elimine. La marca es parte de quien es ahora, y su decisión de seguir adelante con ella es un acto de aceptación radical.

FILOSOFÍA MORAL Y RELATIVISMO CULTURAL

Éticas en conflicto

La novela nos presenta al menos cuatro sistemas morales distintos, ninguno de los cuales es presentado como absolutamente correcto:

La ética nómada (Kuhal): Basada en el honor, la fuerza, la lealtad tribal y rituales como el atnoor que equilibran violencia con compasión. Es una ética simple pero rígida; cuando la tribu es destruida, el marco moral de Kuhal colapsa junto con ella.

La ética nadoor (Tahara): Pacifista por principio, pero pragmática en la práctica. Los Nadoor no inician la violencia, pero cuando son provocados, responden con una eficiencia letal derivada de su conocimiento técnico superior. Tahara encarna esta dualidad: es compasiva pero despiadada cuando es necesario.

La ética zahnadán (los zíngaros): Hedonista, comunitaria, relativista. No juzgan la sexualidad ajena, aceptan a cualquiera en su comunidad, y resuelven los conflictos mediante rituales sociales (como el juicio del Bardo) que priorizan la reintegración del sujeto antes que el castigo.

La ética del Culto de Haruma: Puritana, represiva, sádica. Usa el dolor sexual como castigo y la moralidad como herramienta de control. Es el espejo oscuro de la ética zahnadán: donde los zíngaros celebran la sexualidad, Haruma la castiga.

El texto no toma partido explícito por ninguna de estas éticas, aunque claramente simpatiza más con los Zahnadán y los Nadoor que con Haruma o los esclavistas. Lo más interesante es que la ética del "héroe" (Kuhal) es la que resulta más insuficiente: su código moral nómada no le sirve para navegar en un mundo complejo, y debe aprender de Tahara (pragmatismo) y del Bardo (flexibilidad) para conseguir sobrevivir.

El cinismo del Bardo como filosofía

La frase más importante de la novela, atribuida al Bardo, es: "Puedes matar al esclavista, pero jamás matarás la esclavitud". Esta sentencia resume la visión filosófica de la obra: el mal no es un individuo, sino un sistema. Matar a Zador no cambia nada estructural; Saraad arderá, pero otra ciudad ocupará su lugar. El comercio de esclavos continuará porque hay demanda en el Norte y oferta en el Sur.

El Bardo no dice que la rebelión fuera inútil; dice que fue necesaria pero insuficiente. La distinción es crucial: la novela no predica la resignación, sino la lucidez. Lucha, sí, pero no te engañes pensando que una victoria individual podrá cambiar el mundo en el que habitan.

LENGUAJE Y WORLDBUILDING

Neologismos y su función

El autor crea un vocabulario extenso y coherente para su mundo:

Términos sociales: shamad (señor/comprador), istaa (sacerdotisa/inspectora), harás (prostitutas), naracs (animales de carga/monta)

Términos culturales: atnoor (ritual de caza), zahnadán (zíngaros), nadoor (etnia de los Antiguos)

Términos geográficos: Saraad, Septentrión, Montañas Azules, río Azul, Antaloor

Estos neologismos cumplen una doble función, por un lado, crean verosimilitud y profundidad (el mundo se siente vivido y real); por otro, obligan al lector a aprender las reglas de este mundo a medida que avanza, lo que genera una inmersión progresiva. Muchos de estos términos tiene resonancias semíticas o mediterráneas (shamad, istaa, harás) lo que nos sugiere una inspiración consciente en culturas del Mediterráneo oriental y el norte de África, lo que diferencia este worldbuilding del típico escenario pseudomedieval europeo del género.

Prosa y ritmo

La prosa de Nomanor es funcional y cinematográfica, con un ritmo que varía según la trama de la escena que se va a tratar:

Escenas de acción: Frases cortas, verbos fuertes, poca descripción. "Esquivó el ataque, sin poder responderlo, y con el rabillo del ojo vio cómo el otro jinete se revolvía furiosamente."

Escenas eróticas: Frases más largas, ritmo pausado, atención al detalle sensorial. "Kuhal exploró detenidamente el cuerpo de la muchacha, hasta su último recoveco, hasta su último rincón, con ojos, dedos, labios y lengua."

Escenas de diálogo: Ágiles, con frecuencia irónicas, especialmente cuando interviene el Bardo.

Escenas de worldbuilding: Descriptivas pero sin ser extensas, generalmente integradas en la acción.

COMPARATIVA CON EL GÉNERO

La comparación más obvia, y la que el texto invita conscientemente es con el personaje creado por Robert E. Howard. Kuhal comparte con Conan el Cimmerio su origen bárbaro, su fuerza física y su conexión con la naturaleza. Pero las diferencias son más reveladoras:

Conan se presenta como un personaje invencible mientras Kuhal es derrotado, esclavizado y marcado.

Conan, salvo excepciones contadas, nunca procesa emocionalmente sus pérdidas; Kuhal está marcado por el trauma de la perdida de Garla.

Conan termina como rey; Kuhal termina como un exiliado sin destino.

Las mujeres en sus relatos desempeñan un papel  generalmente secundario; el papel de Tahara es de coprotagonista y, en muchos momentos, la más competente de los dos.

Por otro lado, su condición de héroe roto y melancólico recuerdan al personaje de Elric de Melniboné creado por Michael Moorcock, pero sin el componente sobrenatural. Kuhal no tiene una espada demoníaca ni un destino cósmico; su tragedia es puramente humana y social.

La fantasía heroica española contemporánea

La Leyenda del Esclavo se sitúa junto a obras como las de Carlos Giménez en el cómic o las primeras novelas de fantasía de autores españoles de los 80, compartiendo con ellas una voluntad de madurez temática y una liberación de las restricciones censoras. Su tono es más oscuro y cínico que la fantasía heroica anglosajona clásica, lo que quizás refleje la sensibilidad de una España post-franquista que había aprendido a desconfiar de los héroes y las narrativas de victoria limpia.

Es una obra que trasciende las limitaciones de su género y su época. Bajo la superficie de una aventura de espada y brujería con sexo y violencia explícitos, late una reflexión seria sobre el trauma, la naturaleza sistémica de la opresión, la construcción de las narrativas heroicas y la imposibilidad de volver a ser quien era antes de que las circunstancias del mundo lo rompiera. Su mayor logro es que consigue ser, simultáneamente, un entretenimiento pulp vibrante y una obra con profundidad psicológica y filosófica. El hecho de que termine no con un triunfo sino con una pregunta abierta —¿qué hace un héroe cuando ya no hay nada que salvar?— la convierte en una de las obras más interesantes y honestas de la fantasía heroica española.

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