EL GÉNERO DE ESPADA Y BRUJERÍA.

No toda la fantasía consiste en luchar contra las sombras de Mordor, llevarnos a mundos muy complejos o presenciar hechos que cambian países enteros para siempre. Existe otra fantasía, más sutil donde el valor, el coraje y la fuerza de las armas se imponen ante la cobardía y las artes oscuras de hechiceros, brujos y nigromantes.


Introducción.

Cuando hablamos de fantasía, suele relacionarse de manera casi inmediata con la fantasía épica. Grandes batallas y heroicas historias con multitud de personajes y subtramas que discurren paralelas o que se solapan unas con otras como ocurre en el Archivo de las Tormentas de Brandon Sanderson o El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien. Todo este nivel de detalles nos lleva, de forma irremediable, a enfrentarnos a libros muy gordos y extensas sagas. Sin embargo, esto no siempre fue así.

Conan el cimmerio

Hace unas cuantas décadas, la palabra fantasía venía asociada a algo bien distinto. Historias cortas que te las podías leer de una sentada y sobre un único protagonista que, a golpe de espada, acababa derrotando a brujas y hechiceros. No para salvar el mundo de un destino irremediable o por un bien superior, sino por una bolsa de monedas de oro para pagar el alquiler de una posada  o, simplemente, para ver el amanecer de un nuevo día. Esto era La Espada y brujería más clásica. El género fantástico más olvidado y desconocido.


Características de La Espada y brujería.

Más allá de los clichés de hombres musculosos, rudos y con espadas casi más grandes que ellos mismos que se introducen en una oscura y lúgubre mazmorra para darle muerte al nigromante de turno, debes saber que La Espada y brujería es un subgénero de la fantasía o literatura fantástica. Ya hablé de ella en este vídeo.

Al contrario que la fantasía épica, aquí no se trata de salvar el mundo, sino sobre la supervivencia, la obtención de algún tesoros o la venganza por parte del protagonista. Sobre todo se caracteriza por abarcar una escala más personal. No se profundiza demasiado en la construcción del mundo, en los orígenes de las naciones o las lenguas.

El mundo existe, simple y llanamente, para que el protagonista tenga aventuras en él. Además, más que héroes de moral intachable, los protagonistas de estas historias suelen ser antihéroes, mercenarios, pícaros, ladrones o bárbaros con un código moral más que ambiguo, lo que se conocería por vividores y buscavidas. No son caballeros de reluciente armadura, aunque esto tampoco significa que sean malvados o decadentes.

Por otro lado, la brujería suele venir relacionada con el concepto de corrupción. No es una herramienta común, sino algo aterrador, costoso y, generalmente, practicado por los antagonistas.

Por eso el término Espada y brujería es tan acertado, porque resume a la perfección lo que son estas historias. Un espadachín dándole espadazos a un brujo. Además, tenemos que resaltar que la acción tiene un ritmo muy rápido. Nada de descripciones extensas ni densas, el foco está en los combates cuerpo a cuerpo, las persecuciones y el dinamismo.

Los conflictos se resuelven más con el acero que con la diplomacia. Por este motivo, tienden a ser novelas muy cortas y, sobre todo, cuentos o relatos de pocas páginas. En cuanto a la ambientación de las historias, se le suele mostrar al lector con pinceladas de brocha gorda.

Mundos antiquísimos, ciudades decadentes y corruptas, cavernas oscuras y sucias, ruinas de civilizaciones olvidadas en el tiempo, y reinos al borde del colapso.


Orígenes del término Espada y brujería.

Como casi siempre suele ocurrir en el mundo literario, en un primer lugar nos llegan las obras y con el paso del tiempo y los años, los críticos las encasillan. Con el género de Espada y Brujería pasaría algo parecido.

Aunque se produjeron usos esporádicos del término en algunas reseñas de 1953 a novelas de L. Sprague de Camp, se considera que fue acuñado de manera oficial el 6 de abril de 1961. Fue en el Fanzine Ancalagon, donde el escritor norteamericano Britz Leiber contestó a una carta del escritor de origen británico Michael Moorcock (creaor de Erlic de Melniboné).

En su carta, Moorcock solicitaba un nombre para las historias fantásticas del estilo de Robert E. Howard. El mismo Moorcock propondría llamarlas Fantasía épica, algo que no finalmente no sucedió, pues hoy día conocemos por Fantasía épica a las novelas del estilo de Robert Jordan, como la extensa saga de La Rueda del Tiempo o la de Brandon Sanderson. En su lugar, terminó calando la propuesta de Fritz, de llamarlas Espada y brujería.

Un par de meses despues, en julio de 1961, Fritz siguió hablando del tema afirmando que estaba más seguro que nunca de que a este género de libros debería conocerse por el nombre de Espada y brujería. Ya que era un término que describía a la perfección el nivel de civilización que aparecía en las historias como el elemento sobrenatural. Si bien a veces se le ha llamado también Fantasía heroica por utilizar un término menos rimbombante, en general no es muy común su uso ya que se asocia más con la Fantasía épica.

De igual forma que podemos afirmar que J. R. R. Tolkien fue el padre de la Fantasía épica, Robert E. Howard lo sería, indudablemente, de la Espada y brujería.

El origen del género podríamos situarlo a finales de los años 20 o principios de los años 30 del siglo XX en las revistas pulp de la época. En concreto, se considera que la historia que dio el pistoletazo de salida fue El reino de las sombras de Howard, la historia introdujo una novedosa mezcla de aventura, acción y horror. Fue publicada en agosto de 1929 en la famosísima revista Weird Tales como su primer relato sobre el culto de Atlantis. Posteriormente, el autor escribió más historias sobre el icónico personaje de Conan de Cimeria o Solomon Kane entre otros.

Reino de las SombrasWeird Tales

Estos relatos establecieron muchos de los rasgos fundamentales del género y que inspiraron a los autores posteriores. Protagonistas guerreros, mundos antiguos, y la presencia de magia oscura.


Evolución del género.

Durante las décadas de 1940 y 1950, el género siguió latiendo gracias a las obras de autores como Fritz Leiber o Michael Moorcock, especialmente por su antihéroe, Elric de Melniboné. Si bien sus aventuras son de espada y brujería, invierten el género, poniendo a un hechicero frágil, decadente y albino como el protagonista del relato, algo poco habitual por aquel entonces.

Elric de Melnibone
Elric, de Melniboné de M. Moorcock.

El auge comercial del género de Espada y brujería se produjo en las décadas de 1960 y 70, cuando las reediciones de las viejas historias de Conan y la expansión de la fantasía en el mercado editorial popularizaron el género. Escritores como Lin Carter o Edward Wagner contribuyeron a mantenerlo vivo, mientras que el crecimiento de los juegos de rol y de estrategia, especialmente Dungeons & Dragons y, en los años 80, Warhammer, ayudó a difundir sus temas y arquetipos entre las nuevas generaciones de lectores. Desde finales del siglo XX hasta la actualidad, la Espada y brujería ha experimentado ciclos de renovación.


Nuevas reinterpretaciones del género: Fantasía oscura y Grimdark.

Los autores contemporáneos han reinterpretado el género dotándolo de enfoques más oscuros y algo más complejos, aunque conservando el núcleo central. Se han escrito aventuras intensas protagonizadas por antihéroes en mundos salvajes y violentos donde la espada y la magia convíven.

Haciendo un resumen global y bastante rápido, la Fantasía oscura es aquella en la que se mezcla fantasía con algunos elementos de terror y horror gótico, pero sin dejar del todo de la lado la esperanza y la luz. Podemos citar por ejemplo, la saga de Geralt de Rivia de Andrzej Sapkowski.

Por otro lado, el Grimdark es más cínico y violento. Es un género en el que casi nunca triunfa el bien. Y, como ejemplos, tiene la saga La Primera Ley de Joe Abercrombie o los libros ambientados en el universo de Warhammer 40.000.


La conexión entre Robert E. Howard y H. P. Lovecraft.

Un error muy común dentro de este género es llegar a pensar que la brujería es como la de Harry Potter o el Imperio Final. Nada más alejado de la cruda realidad. En la Espada y brujería, la magia suele estar muy con la invocación de entes poderosas de otros planos y con el horror cósmico.

Inspirado por su amistad con Lovecraft, Howard ideó un estilo de magia que lleva una enorme carga de corrupción. En sus historias, los hechiceros son personas que han vendido su cordura a cambio de obtener secretos prohibidos. Aquí no veremos magos buenos que lancen rayos o bolas de fuego para ayudar al héroe.

Lo que sí encontramos es sacrificios rituales sangrientos e invocaciones a dioses oscuros que consideran a los demás mortales, incluso al invocador que los ha traído al mundo, como simples insectos. Esta lucha del acero contra la brujería podemos verla como una metáfora de la lucha del ser humano contra lo incomprensible. El héroe no vence a su enemigo por tener mejores hechizos, sino por su inteligencia y habilidad y, sobre todo, por su voluntad física inquebrantable ante el horror abstracto.

La íntima amistad con Lovecraft, creador de los Mitos de Cthulhu, hizo que Howard introdujera seres y criaturas de los cuentos de horror cósmico de su amigo en algunos de sus relatos para que se enfrentaran a sus propios antihéroes.

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